Mientras el incendio de la Comunidad de Madrid sigue activo y entra otra ola de calor, la pregunta que importa es la que casi nunca sale en portada: ¿qué se hace durante los otros once meses del año para que el fuego no llegue, o llegue más débil? En el Mercado Social de Madrid tenemos a quien lleva 25 años respondiéndola con trabajo: Agresta, cooperativa forestal socia, dedicada a la cartografía de combustibles, el seguimiento de la humedad de la vegetación, la planificación preventiva y la restauración de zonas quemadas. Les hemos pedido que nos lo cuenten.

El equipo de Agresta, más de 40 profesionales distribuidos por todo el territorio. Foto: Agresta.

¿Qué está cambiando en los incendios que vivimos estos veranos?

En Agresta asisten con preocupación al impacto creciente de los Grandes Incendios Forestales en nuestros montes y pueblos. Es un fenómeno complejo, cuyo origen puede tener causas muy diversas, pero cuyos factores de propagación responden a un patrón común: la enorme acumulación de biomasa en superficies forestales deficientemente gestionadas o abandonadas, combinada con condiciones climáticas extremas cada vez más recurrentes a causa del cambio climático, como las olas de calor o las sequías prolongadas. De ahí la virulencia de los fuegos de estos veranos.

¿En qué consiste el trabajo de prevención?

La clave, explican, reside en la prevención estructural a través de la gestión forestal sostenible. Los incendios de hoy no se pueden abordar con las recetas del pasado: hacen falta medidas de gestión adaptativa sobre el territorio. Eso significa planificación agroforestal, creando paisajes en mosaico que combinan usos agrícolas, ganaderos y forestales para romper la continuidad del combustible, y una gestión activa y continua que aplica el conocimiento científico y las herramientas tecnológicas más avanzadas para mantener los montes cuidados, reducir el riesgo de propagación y mitigar la virulencia del fuego y sus consecuencias.

¿Qué haría falta para que la prevención pese tanto como la extinción, y qué aportan las cooperativas?

Entender que la extinción es solo la última línea de defensa. Y entender también que no hay monte gestionado sin un medio rural vivo: la gestión forestal sostenible no es solo una medida ambiental, es un motor de economía social capaz de generar empleo verde, estable y de calidad en nuestros pueblos, fijar población, revalorizar los recursos locales de forma justa y conectar el futuro de las comunidades rurales con el cuidado de su entorno.

«La mejor prevención de incendios consiste en gestionar el territorio integrando la tecnología, la ciencia y el desarrollo socioeconómico de nuestro entorno rural»
Santiago Martín Alcón, doctor ingeniero de montes especializado en inventarios forestales y gestión forestal multifuncional, e Isabel González González, ingeniera de montes de Agresta, especializada en teledetección ambiental

Desde Agresta reafirman su compromiso con el territorio: seguirán aportando trabajo, innovación y visión cooperativa para transformar la amenaza de los grandes incendios en una oportunidad de futuro, resiliencia y dignidad para el medio rural. Puedes conocer su trabajo en agresta.org/incendios-forestales.

Rebrotes verdes creciendo junto a un árbol calcinado en un bosque quemado

Rebrotes junto a un árbol calcinado tras el incendio de 2012 en el Parque Nacional de Garajonay (La Gomera). Foto: Agresta.

La red también desmonta bulos: no, la ley no prohíbe limpiar el monte

red_juridicaCada verano de incendios vuelve el mismo bulo: que la Ley de Montes de 2003 impide desbrozar y limpiar los terrenos que acaban ardiendo. Red Jurídica, cooperativa de abogacía socia del mercado, lo ha desmontado punto por punto en un hilo divulgativo: la ley no prohíbe limpiar ni desbrozar, al contrario, integra los tratamientos selvícolas y la gestión de la biomasa dentro de la prevención, obliga a las comunidades autónomas a aprobar planes anuales de prevención que se aplican todo el año, y en determinados supuestos convierte el desbroce en una obligación legal del propietario. Lo que exige es que esas labores se hagan con criterios de gestión forestal sostenible. Confundir esos controles con una prohibición absoluta es, en sus palabras, «una simplificación jurídicamente incorrecta y, probablemente, maliciosa».

El derecho y la técnica forestal dicen lo mismo: el problema no es que no se pueda gestionar el monte. Es que no se gestiona lo suficiente, ni con la gente suficiente viviendo de ello.

El cortafuegos también se teje

A once mil kilómetros hay quien llegó a la misma conclusión por otro camino. Carro de Combate, también entidad socia del mercado, lo documentó sobre el terreno: en Lo que el fuego se llevó en Bolivia cuentan el impacto de los incendios que arrasaron el país y lo que vino después: las comunidades se organizaron para prevenir y apagar desde dentro del territorio, y los incendios bajaron.

Dos territorios, dos escalas, una misma lección. La herramienta más eficaz contra el fuego es la articulación social del territorio, esa infraestructura invisible que ninguna estadística mide y que se construye despacio, cooperativa a cooperativa, vecina a vecina. Llamémoslo cortafuegos social. Es lo que la economía social hace cada día, aunque no lo nombre así: el monte también es economía social, y lo que nos protege del próximo verano ya existe y está entre nosotras.